Crecimiento Espiritual

El Reino de Dios

Reino de Dios Pastor B. López-Maza
  1. El Señor constituye familias

Las familias son necesarias para generar el ambiente propicio para el crecimiento y formación de las personas y de los Hijos. 

Efesios 2:19  “Así que ya no sois extranjeros ni advenedizos, sino conciudadanos de los santos, y miembros de la familia de Dios.” El Señor constituye familias en lo natural, pero también lo hace en lo espiritual. Él nos ubica en una familia donde nacemos, con nuestros padres; y esta familia nos propicia un ambiente para crecer. En lo espiritual, El Señor constituye en nuestro entorno una familia: la familia de Dios; por ello ya no somos extranjeros ni advenedizos, sino conciudadanos y miembros de su familia.

¿Por qué razón El Señor constituye familias? Para formar la vida del padre de esa familia; en otras palabras, cuando nosotros comenzamos a crecer, somos primero engendrados, nacemos, somos niños y El Señor nos ubica en una familia, porque es la familia la que está capacitada para formarnos.

Hemos escuchado muchas veces quizá que nosotros somos parte del Pueblo de Dios, pero él nos llamó a ser algo mayor: nos hizo parte de su familia.

“El principio de todo buen hogar estará basado en el amor, porque el amor es capaz de romper los estereotipos mentales que fueron impregnados en nosotros probablemente desde nuestra niñez”.

Hay una estadística que revela que el 95-96% de las personas permanecen en un lugar por los últimos 10 minutos (por lo que escuchan, el saludo, la forma de hablar, etc.). El Señor le habló a nuestro Pastor respecto a esto, que muchas personas están pendientes no solo del mensaje que se predica, sino del mensaje que se vive; es decir, nosotros somos el mensaje. ¿Qué mensaje transmite nuestra vida a las demás personas? Somos el mensaje más poderoso del Reino: cartas escritas por Dios para que todos las puedan leer.

Debemos aprender a relacionarnos con la familia, mientras todos crecen vamos alcanzando madurez, y es así como todos nos complementamos unos a otros: incluso somos capaces de distinguir a qué personas es más correcto pedirles un consejo, comprendiendo que esto no se trata de excluir a nadie, sino de reconocer quien tiene una sabiduría e inteligencia espiritual más desarrollada, por su constante comunión con el Espíritu.

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