Crecimiento Espiritual

El Reino de Dios

Reino de Dios Pastor B. López-Maza

Muchas veces nosotros quizás no hemos comprendido del todo lo que significa “cambiar ambientes”, y al mostrar, por ejemplo, que los ambientes nos desgastan o nos cansan, automáticamente ya estamos generando un ambiente con lo que estamos diciendo; es decir, nuestras palabras provocan que ese ambiente continúe, permanezca. Ignoramos que nosotros, como generadores de ambientes, siempre creamos un ambiente. 

El Señor nos hizo a nosotros generadores de ambientes idóneos para la extensión de su Reino, y esta es una responsabilidad de la cual no podemos escapar, porque Él nos diseñó precisamente para que hagamos esto. 

Cuando un árbol comienza a alcanzar madurez, comienza a producir fruto. El Señor le habló a nuestro Pastor respecto a esto, basado en lo que podemos leer en Gálatas 5:22-23; en este versículo encontramos que el fruto del Espíritu, genera en nosotros ciertas características: amor, gozo, paz, paciencia, benignidad, bondad, fe, mansedumbre, templanza. Al alcanzar madurez, hay un fruto del Espíritu que inevitablemente comienza a ser visible en nosotros. En los momentos más difíciles, podemos experimentar la paz que humanamente no podemos comprender; y esto es parte del fruto que el Espíritu produce en nosotros. Nos convertimos en personas más humildes, con mansedumbre; ya no somos personas que cuando les hablan reaccionan de cierta forma, porque nosotros fuimos enseñados a actuar reactivamente más que proactivamente. Si queremos alcanzar madurez para poder dar fruto como el árbol, necesitamos crecer; para que en nosotros pueda ser evidente el fruto del Espíritu.

El Señor no nos ubicó en esta tierra para destruir personas y ambientes, sino que nos envió a esta tierra para que a través de nosotros se manifieste el fruto que produce su Espíritu en nosotros. También las escrituras nos enseñan que el árbol que crece dobla sus ramas, porque pone el fruto a disposición de aquellos que necesitan comer de él.

El producir el fruto del Espíritu en nosotros, es una labor de vida, porque durante toda nuestra vida debemos estar produciendo este fruto, para poder alimentar la vida de alguien más, transformar el ambiente de alguien más. ¿Qué ambiente estamos generando? ¿Ambientes positivos o negativos? El fruto que por Gracia recibimos, es el fruto que por Gracia también damos.

Debemos comprender que El Espíritu del Señor, se hace uno con nuestro espíritu porque El Espíritu del Señor no se combina con algo que no sea de su misma naturaleza; por ello tenemos la capacidad de producir el fruto que este lleva consigo.

Salmos 1:3 “Será como árbol plantado junto a corrientes de aguas, Que da su fruto en su tiempo, Y su hoja no cae; Y todo lo que hace, prosperará.” El Señor nos diseñó para que podamos llevar mucho fruto: el fruto del Espíritu que genera un ambiente agradable, la capacidad de aperturar entendimiento en la vida de las personas y que se produzca crecimiento en cada uno de nosotros.

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