Crecimiento Espiritual

Guiados por El Espíritu

Guiados por El Espíritu Pastor B. López-Maza

2) Segundo ejemplo de acción


Mateo 16:21-23 “Desde entonces comenzó Jesús a declarar a sus discípulos que le era necesario ir a Jerusalén y padecer mucho de los ancianos, de los principales sacerdotes y de los escribas; y ser muerto, y resucitar al tercer día. 22 Entonces Pedro, tomándolo aparte, comenzó a reconvenirle, diciendo: Señor, ten compasión de ti; en ninguna manera esto te acontezca. 23 ¡Pero él, volviéndose, dijo a Pedro! Quítate de delante de mí, ¡Satanás!; me eres tropiezo, porque no pones la mira en las cosas de Dios, sino en las de los hombres.”

Nuevamente Jesús fui guiado por el Espíritu para declarar esto a sus discípulos. Los ancianos son la figura de los fariseos, de los maestros de la ley. Jesús fue guiado, pero también fue tentado.  ¿Acaso Jesús cedió ante estas dos acciones? No. Él sabía que iba a entrar al proceso, pero también sabía que iba a resultar victorioso. 

Pedro fue recriminado de una forma dura por Jesús, pero después de ello Jesús también le da la dirección: pon la mira en las cosas de Dios y no en las de los hombres. Esto no significa que vivamos como ignorantes de las cosas que suceden a nuestro alrededor, sino que nuestra visión debe alinearse a la dirección correcta, la cual se obtiene cuando el Espíritu que está en nosotros comienza a alumbrar nuestro camino (Salmos 119:105).

“No importa cuál sea el contexto, incluso que sea Satanás quien nos tiente, pero cuando somos guiados por El Señor sabemos cuándo, dónde y qué hacer, porque en el proceso y en las pruebas vamos a vencer”.

Pedro revelaba al querer reconvenir al Señor, deseos, impulsos, emociones, y que el centro de su universo era precisamente eso, no el Señor. Si no somos guiados por el Espíritu, vamos a ser guiados por los miedos, excusas, sentimientos y emociones que provienen de nuestra alma. Debemos comprender que siempre vamos a ser guiados por algo: por el alma o por el Espíritu. 

Nosotros fuimos diseñados para tener un dios. Por ello tenemos una naturaleza que inevitablemente quiere rendirse, la pregunta es ¿ante qué o quién nos vamos a rendir? Fuimos creados por Dios y por ende Él nos creó para rendirnos ante Él.

1 Corintios 15:45 “Así también está escrito: Fue hecho el primer hombre Adán alma viviente; el postrer Adán, espíritu vivificante.” Vemos en este versículo dos diseños, que al final producen resultados diferentes. El primer Adán nos llevó a todos con él; pero el segundo Adán nos posicionó. En otras palabras, dos acciones, dos naturalezas, pero diferente dirección: el primero alma viviente, el segundo espíritu vivificante.

¿Por qué es importante ser guiado por el Espíritu? Porque el segundo Adán nos mostró que la victoria está en ser guiados en él y por el Espíritu. El primer Adán nos demostró que el mayor de los fracasos de la humanidad sucedió cuando fue dirigido por sus impulsos. 

“Las condiciones de nuestra vida van a cambiar a medida que experimentemos el diseño del segundo Adán”.

El Apóstol Pablo nos enseñaba que él sometía su carne (su primer Adán) para no quedar invalidado. El primer Adán solo va a escucharnos y hacernos caso si lo sometemos al segundo Adán (al Espíritu).

Juan 14:19 “Todavía un poco, y el mundo no me verá más; pero vosotros me veréis; porque yo vivo, vosotros también viviréis.” El Señor aquí nos muestra una garantía de vida. La única manera en la que Jesús encontró la forma de hacernos vivir, era morir para entonces poder vivir en nosotros. Él necesitaba desprenderse de lo que no le permitía ser el Espíritu que nos habitara y como su amor por el Propósito donde nosotros estamos ubicados es tan grande, Él sabía que debía quitar de sí mismo aquello que era un límite para poder habitarnos. Por esta razón El Señor decía que a nosotros nos convenía que Él se fuera.

Jesús se despojó de la carne para poder tomar la forma plena de lo que Él es. Su forma plena es Espíritu. Por esta razón es que la imagen y semejanza que tenemos con El Señor no es en el aspecto físico, sino en lo espiritual.

“El Señor necesitaba cambiar de un estado sólido a un estado espiritual, porque solo así iba a garantizarnos la vida a través de su vida”. 

Por ello es que ahora tenemos al Espíritu que nos guía. El Pueblo de Israel seguía a una nube que los dirigía, pero nosotros ahora tenemos a esa nube (El Señor) habitando en nosotros y entre nosotros. Así como un bebé no puede medir un peligro porque sus sentidos todavía no están ejercitados; asimismo, somos nosotros al no tener los sentidos espirituales ejercitados. 

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