Crecimiento Espiritual

Actitudes vs Aptitudes

Actitudes vs Aptitudes Pastor B. López-Maza

“Podemos tener un gran llamado, pero si no tenemos buenas actitudes, dejaremos de ser útiles en nuestra función”.

Nuestro Pastor tuvo la oportunidad de estudiar la carrera de Ciencias Jurídicas y Sociales y él recuerda que una de las primeras cosas que le enseñaron en esa carrera fue a tener la actitud correcta, diciéndole sus catedráticos que él debía vestirse como lo que quería llegar a ser. Asimismo, le enseñaron mucho acerca de la puntualidad, porque en una audiencia con un juez, llegar un minuto tarde puede resultar en perder el caso para el cliente.

Muchos de nosotros entramos a la Iglesia, pero no necesariamente tenemos la actitud de cambiar y de ser transformado; porque probablemente seamos aptos, pero no tenemos los actos. 

“Las aptitudes pueden darnos oportunidades, pero solo los actos nos llevaran a aprovechar las oportunidades”.

 Si algo garantiza el crecimiento de un lugar es la moral de las personas que están en ese lugar, la cual se ve reflejada con las actitudes más que con las aptitudes. Hay lugares donde nosotros vamos a permanecer, no porque seamos aptos, sino por nuestros actos.

“Muchos quizás queremos crecer en nuestras vidas, pero no tenemos los actos que nos llevan a crecer”.

Números 22:1-6  “Partieron los hijos de Israel, y acamparon en los campos de Moab junto al Jordán, frente a Jericó. 2 Y vio Balac hijo de Zipor todo lo que Israel había hecho al amorreo. 3 Y Moab tuvo gran temor a causa del pueblo, porque era mucho; y se angustió Moab a causa de los hijos de Israel. 4 Y dijo Moab a los ancianos de Madián: Ahora lamerá esta gente todos nuestros contornos, como lame el buey la grama del campo. Y Balac hijo de Zipor era entonces rey de Moab. 5 Por tanto, envió mensajeros a Balaam hijo de Beor, en Petor, que está junto al río en la tierra de los hijos de su pueblo, para que lo llamasen, diciendo: Un pueblo ha salido de Egipto, y he aquí cubre la faz de la tierra, y habita delante de mí. 6 Ven pues, ahora, te ruego, maldíceme este pueblo, porque es más fuerte que yo; quizá yo pueda herirlo y echarlo de la tierra; pues yo sé que el que tú bendigas será bendito, y el que tú maldigas será maldito.”

Balaam era un profeta muy poderoso. En otras palabras, él era apto para lo que El Señor le había encomendado hacer: lo que él bendecía era bendito y lo que él maldecía era maldito. A este hombre tan apto le hacía falta algo muy importante: carácter. Balaam recibió un ofrecimiento para maldecir a un pueblo y él todavía se tomó el tiempo de pensarlo: lo consultó con El Señor; como si fuera una cuestión que pudiera ser negociable ante los ojos del Señor.

“Pocas veces nos damos cuenta que hay cosas que debemos consultarlas a Dios, por ejemplo, cuál es su Voluntad para poder tomar decisiones sabias, y hay otras cosas que evidentemente no están bien”.

El Señor le dijo a Balaam que no estaba bien que hiciera eso, pero estas personas regresaron con su rey y este les dijo que le ofrecieran más a Balaam para que accediera. Entonces Balaam se encuentra con los ancianos más importantes enviados por el rey, le vuelven a hacer un ofrecimiento y Balaam nuevamente se va a orar. Balaam tenía necesidad del dinero, era apto pero sus actos estaban dejando mucho que desear.  Finalmente, Balaam termina yéndose y El Señor se molesta con Balaam.

Posteriormente Balaam va viajando con su burra y resulta que El Señor envía a un ángel para que interrumpa el camino. Resulta que Balaam no fue quien vio al ángel, sino que fue la burra, quien al ver el ángel dio un giro para echarse y Balaam casi se cae, por lo cual regañó a la burra y comenzaron una discusión: que tan cegado estaba Balaam que en lugar de sorprenderse porque el animal le estaba hablando, siguió regañándola. Balaam luego de todo esto, dejó de ser apto y por lo tanto dejó de ser también un profeta, convirtiéndose en un adivino: porque vendió su aptitud por no tener la actitud y el carácter adecuado.

99 total views, 7 views today