Crecimiento Espiritual

Actitudes vs Aptitudes

Actitudes vs Aptitudes Pastor B. López-Maza

Hay una diferencia entre actitud y aptitud y por ello es importante que comprendamos la necesidad de crecer en nuestros actos. A lo largo del tiempo hemos considerado las aptitudes más importantes que las actitudes. Las aptitudes pueden hacer que seamos buenos para algo, pero solo las actitudes pueden transmitir y generar cambios. 

En las empresas regularmente sucede que recuerdan más a un empleado que tiene buenos actos, que a alguien que tiene buenas aptitudes. 

También es importante comprender, que no podemos pensar que solo necesitamos tener buenos actos sin ser aptos, sino que necesitamos ser aptos, pero también tener actos. 

Las aptitudes generalmente no se contagian, pero las actitudes si se contagian. Por ejemplo, si alguien es un buen escultor, no significa que puede hacer que otra persona también sea un buen escultor. Las actitudes si enseñan a alguien más.

Quizás hemos creído que con solo ser buenos en algo es suficiente para que entonces nos sintamos completos; sin embargo, esto no es verdad. Debemos darnos cuenta que hay personas que pueden estar llenas de aptitudes, dones y talentos, pero también de muchas malas actitudes. 

La actitud está intrínsecamente ligada con la mente. Es decir, que cuando nosotros tenemos buenas actitudes o malas actitudes, son el resultado de lo que nosotros somos en nuestros pensamientos. No podemos reproducir en otra cosa nuestra vida si no es como nuestra mente está. Somos el reflejo de nuestra mente: si nuestra mente es un desorden, así será también nuestra vida y nuestros actos; si nuestra mente está en conflicto, nosotros también somos conflictivos; si nuestra mente está en una condición de víctima, nuestros actos se ven como los de una víctima. 

Esto debe llevarnos a pensar y reflexionar, que cuando El Señor estuvo en esta tierra constituyó también una mente en nuestras vidas: la mente de Cristo; por tal razón, nuestros actos deberían reproducir lo que en nuestra mente nosotros somos. ¿Por qué todo el tiempo nuestros actos pareciesen ajenos a nuestra mente? A menos de que no se forme la Mente de Cristo en nuestra vida, nuestros actos no van a cambiar, sino que tendremos actos cada vez más deteriorados, porque ahora sabemos y aducimos que conocemos algo que de pronto ignoramos: y es en este momento donde ya ni siquiera se recibe el consejo.

La evidencia más grande de que nuestra mente comienza a ser transformada son los actos que realizamos. Lamentablemente la Iglesia siempre ha sido muy buena para buscar en donde excusarse y no hacer. Cuando no estamos avanzando, necesitamos de apariencia espiritual para justificar nuestra condición, mostrando así la ausencia de la mente que refleja otro tipo de actos.

Ser siempre bueno en algo no va a hacer que siempre tengamos buenas actitudes, pero si tenemos buenas actitudes, podemos llegar a ser aptos en algo que de pronto actualmente no lo seamos. Hay personas que, teniendo buenas actitudes, llegan a ser mejores que aquellos que verdaderamente son aptos para algo, porque se dispusieron y sus actitudes las llevaron de tal manera que ahora son aptos.